domingo, 31 de octubre de 2021

Poema

Brisa fresca de otoño

Libras del hirviente estío 

Aguas de octubre y noviembre 

Son tus ríos 


Clima de melancolía

Memorias 

Meditación 

A las musas llama tu canción


Dorados bosques 

Soledades 

Walden y Thoreau 


El invierno asoma ya en los castaños

Madurez del año 

J.B.B


Poema

Un poema que escribí esta madrugada. Hacia muchísimo tiempo que no componía. Debe ser que el melancólico otoño me inspira. 

Los humanos y tormentas comparten analogía 

Hay veces que sobrecoge su belleza

Glorificamos las gestas 

Permitimos que refulja la nobleza 

Como la celeste luminiscencia


Cánticos 

Aves Marías 

Novena sinfonía de la alegría 

Tromba esperada sobre tierra baldía 


Otras desatan temores

Atronadora quinta de Beethoven

Justas gaseosas de graves percusiones 

Fuerza de la naturaleza sin contemplaciones 


Ráfagas zigzagueantes

Encienden el eterno lecho 

En el inocente cielo añil 

Tintes violetas de rojizos helechos 

Campos deshechos 




Tras su paso

Triste paz

Silencio 

A lo largo y ancho del estrecho 


J.B.B

viernes, 29 de octubre de 2021

De la felicidad y la relevancia de ella

La felicidad es algo más que una reacción química, y hasta las amebas constan de neurotransmisores como la serotonina asociada a ella. La felicidad es plenamente subjetiva y cada quien albergará o percibirá la suya. Deberíamos meditar más esto y conferirle importancia a esos instantes especiales de nuestra vida, allí donde aparece de improviso la felicidad. No somos amebas y por eso todo lo que simulamos es más complejo, más hermoso y con un significado particular. 

Más allá de eso, nada más que somos un haz de partículas caóticas y la química no vale un pimiento. Por otro lado, en lo tocante a las funciones biológicas básicas, apenas nos diferenciamos de una ameba y otros microorganismos. De ahí que la trascendencia de la felicidad dependa de ser conscientes de la nimiedad que somos cuando nos reducimos a la biología y la física. Podemos ser felices porque imaginamos ser algo más, aunque en la base no lo seamos. Esa es la grandeza de un goce consciente y  que pone la vista en las estrellas del presente y del mañana. 


"Más específicamente, la serotonina era una hormona vinculada a la autoestima, al reconocimiento alcanzado dentro del grupo. Pero por lo demás se generaba esencialmente a la altura del intestino y se observaba su presencia en muy numerosas especies vivas, incluidas las amebas." 


Michel Houllebecq: "Serotonina".

sábado, 17 de julio de 2021

Hace unos días sufrí un intenso episodio de vértigo, debido al llamado Síndrome de Meniere, y que afecta al líquido interno del oído responsable del equilibrio. 

Tras este malestar, me di cuenta de que la Náusea de Sartre tenía su núcleo en el mareo fisiológico que sufría aquel experimentando con mezcalina y otras sustancias que alteran la conciencia ¿y quién no pierde su referencia o noción del espacio-tiempo—unidos después de que Einstein demostrase su continuo—e identidad ordenante o unificante del flujo memorístico de distintos intervalos o espacios vitales, llamado yo, en semejante estado de interminable y angustioso desequilibrio? 

Secuelas del dualismo de la filosofía existencial y otras, que entre otras cosas separa la categoría física de lo psicológica. Inconsistencia absoluta de esto según los últimos estudios en neurociencia. Incluso, en el ámbito de las micropartículas, la mecánica cuántica, la partícula se comporta simultáneamente como partícula y como onda de luz, esta última cuando no la observamos, pero tampoco se halla separado un estado del otro. Como lo definió el físico Stephen Hawking en 2001: "La dualidad onda-corpúsculo es un concepto de la mecánica cuántica según el cual no hay diferencias fundamentales entre partículas y ondas: las partículas pueden comportarse como ondas y viceversa”. Ciñéndonos a los datos, el dualismo tiene estadísticamente las de perder y es poco menos que indefendible contemporáneamente, en consonancia con los resultados de trabajos al respecto.

Si la libertad, la elección equivale a dicha inestabilidad e incertidumbre acerca de todo. Cita de Kierkeegard: "La angustia es el vértigo de la libertad". Entonces, el antídoto está en asumir la responsabilidad de nuestras acciones, por muy variantes e irregulares que resulten aquellas. Somos los constructores de las experiencias. No perder de vista el ficticio centro de gravedad que es la moral, por ejemplo, puramente normativa, pero conveniente para el día a día y no perecer en cualquier cultura del planeta. 

A fin de cuentas, es para lo que contamos con un cerebro, para seguir vivitos y coleando y no ser comidos, regular nuestro presupuesto corporal [preparar y anticipar el organismo de cara a futuras condiciones ambientales, alostasis, y energía—cosas de la evolución—, sabiendo que es el órgano auditivo [el cerebro perceptor] el que provoca la ilusión conceptual—todo el significado de la estructura y la no caída o pérdida de apoyo en dicho punto ilusorio ¡Ah, Arquímedes! Qué bien te comprendo ahora—¡¡¡Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo!!! 

Respuesta del célebre acertijo de Copenhague: No, el árbol no hace ruido al caer si no hay receptor con canal auditivo. Todo es concepto. El cerebro se maneja con aquellos conceptos para idear la realidad que tan transparente se nos dibuja o representa. El quid de la cuestión radica en hacer un uso que ayude y no que lleve al traste nuestra energía. 



viernes, 18 de junio de 2021

RELATO ACTUALIZADO

 MATERIA NEGATIVA-DESCAFEINADA [sin apenas noción del tiempo o yo angustiado] 


Primera: 


Quinto movimiento de rotación terráqueo [12 horas al cuadrado] y con 286 días anuales restantes en el de traslación, al que hay que añadir, además, el inicio de estación, en estado de alerta por epidemia de un virus, a las claras, histórico.


En mímesis— y practicando el principio de responsabilidad y solidaridad—con el resto de ciudadanos, permanezco en el interior de la cúpula hogareña. Me urge una taza de café. Con ausencia de dicho estimulante, no disto demasiado de un muerto viviente en la serie americana—homenaje al juegazo noventero Resident Evil—Walking Dead.


Una tarea harta sencilla, como pasar de mi habitación a la cocina, se torna en una epopeya griega. Y más todavía recorriendo el pasillo, cuya longitud y estrechez, en mi estado descafeinado, son sumamente amplias. Otro de los síntomas, por carencia de cafeína, se plasma en que mis piernas pesan cual pesa de plomo arrojada grávidamente en una vasta superficie acuática.

El transcurso a través de este conducto se produce a cámara más que lenta. La lente, reproductora de mis movimientos, queda prácticamente congelada, a lo Neo esquivando las balas en la primera cinta—la única de la trilogía que merece ser visionada—Matrix.


—Mierda—, pienso. Da la impresión de que no avanzo un jodido milímetro. Desplazo una articulación. La observo ascender, y en lo que esta ejerce un desplazamiento hacia adelante, juraría que el medidor de la unidad de apercepción trascendental o monosílaba, y llanamente, yo se ha detenido, tal que si me hallase en el interior de un agujero negro, esos que captó el nuevo Einstein, Stephen Hawking.

Segunda: 


Efectivamente, aludo al tiempo. La intuición kantiana y de la que están hechas las categorías [conceptos] del entendimiento. Nada menos que la llave entre las intuiciones sensibles y los conceptos puros, si la memoria no me engaña. Mira que me costó empollarme la dichosa estética trascendental de ese Kant. Eso no era nada, comparado con el segundo apartado del libro, "la deducción trascendental de las categorías del entendimiento"— [el tiempo] me está gastando una broma pesada.


Tercera: 


El tiempo prosigue con su conteo de segundos "in crescendo" y me ha dejado muy atrás, un participante en estado negativo de la materia, antes del Big Bang. El observador queda en un punto muerto, out ¿Liberarse del ego? Contestación a Arthur Schopenhauer. Olvídate de la experiencia estética, el arte como salida del yo. Es más sencilla la solución y la correcta—Principio de la Navaja de Ockham—Quítate el café y misión cumplida. Good bye, voluntad egótica. Y es que descafeinadamente el ser desente cesa. En condiciones avolitivas, luego no cafeinosas, a lo zombie, deductivamente, dejas de mirarte el orificio del cordón umbilical; tu angustiosa salida amniótica y temerosa entrada a esta—en ocasiones— cruel obra teatral. En absoluto eres relevante para que el planeta de vueltas a imperceptibles velocidades de vértigo.

Monólogo con mi conciencia:

—¿En serio crees que a uno de esos ejércitos de "no muertos" le intriga o quita el sueño [¿Sueñan los zombies con ovejas no muertas?] algo que no se traduzca en propagar su plaga? Los walking deads no consumen cafeína. Y les importa un bledo lo que el fatum (destino) o azar les depare. Son seres avolitivos. La burundanga [droga] es maestra en revelar esta verdad. El sufrimiento, por verse arrancado de la calma uterina, se borra en seco. Danzo [atemporalmente], en actitud de autómata, por la pasarela ["el corredor de la no muerte"]. La cuerda rota entre el ser y la nada. La noción de la finitud, muerte ya no te perturba. 

Después de una procesión, más larga que las de Semana Santa, atisbo la puerta de la cocina. Requiero de la cafeína. Mi vuelta a la intuición kantiana; el recuerdo, la conciencia, mi yo, voluntad sufridora, [lo sé bastante bien] mi perdición. Si en un futuro cercano-lejano, pintase un cuadro retratando toda esta parafernalia existencial, dicha pintura llevaría por nombre el encabezado de la obra de la filósofa Hannah Arendt y del artista Magritte: "La [puñetera]  condición humana".

domingo, 16 de mayo de 2021

Reflexiones maduras

 Si no enumerase mis errores del pasado, el aprendizaje presente y futuro, con la respectiva plasticidad, carecería de todo sentido y la conciencia no sería más que una densa niebla. No habría ni Ser ni tiempo. Somos nuestros errores y nuestros aciertos, porque el yo es una ficción cerebral, consistente en ser-existir ilusoriamente para-en-el tiempo. La realidad  es una construcción tan precisa y secreta del cerebro, que obviamos nuestro papel de arquitectos en ella. 

martes, 9 de febrero de 2021

El buen optimista

 Sobre el buen optimista: 

Ser optimista requiere más esfuerzo que ser nefastista y terribilista. El buen optimista ajusta las coordenadas anímicas, y no se abalanza hacia los estados álgidos de euforia y fatal caída en la animadversión de aquella, síntomas que tan bien conocen los individuos con bipolaridad o trastorno ciclotimico. 

El optimista se establece en la medianía de las polaridades, pero más cercano a la alegría que la tristeza, recalco que sin excederse. Para entender mejor este asunto, hemos de recurrir a un sentimiento entre ambos frentes, y del que se habla poco en los lugares comunes de la psicología: la serenidad o calma, a la espera y aceptación, y a la par no decae su actividad, como una firme montaña y flexible junco o rama al unísono. Se abre ante la adversidad y se cierra delante de lo que sabe la perturba y transporta a la abulia, la falta de fuerzas, distimia, la oscilación hacia la pena, y otros sentimientos como la rabia, el rencor, la envidia, los celos, etc. 

Como observamos, en absoluto es tarea sencilla ser optimista sin idealizar, sino acariciar el tejido de la realidad de la manera más calmada, por muy áspero y desagradable que pudiera parecer. Después de todo, el optimista tiene en mente que podría ser peor, y eso le basta para no desalentarse, y proseguir en la vida con armoniosa y resuelta actitud.


J.B.B