Comienzo a creer que con las alegrías ocurre como con el vino o alcohol y otras drogas conocidas. Ambos comprenden un sortilegio en el que caemos para que los colores apagados de la vida luzcan más vivos y perdamos la conciencia. El dolor queda en el vaso-copa, y en la alegría lo que genere el sentimiento que aúpa el corazón en la memoria. Probablemente la evolución tejió las sustancias que contribuyan a elevar las aguas, agitar el mar aburrido sin las aventuras salvajes de las grandes columnas de agua, con objeto de caminar erguidos y no yacer tumbados en la noche de los tiempos. Hechizos para el cerebro y que nuestra obra salga de la monotonía real. La alegría es la mentira que nos contamos frente la melancolía y apatía que envuelven al mundo, una venda en los ojos que nos colocamos con sumo gusto con vistas a esquivar nuevamente la mancha, lo que atenta contra la pervivencia.
La semilla oculta de nuestra vitalidad, la salud, es una cubierta más, una pátina, cáscara que guarda la enfermedad invisible durmiente que ninguno de nosotros tiene intención de aceptar, sino que no duda en calificarse de sano, contento, sin problemas. No obstante, se contradice y requiere del dopaje, la embriaguez que le procura la alegría, esa amplia ventana con vistas a un precioso jardín, florido para la retina, enamoradamente aromático para las fosas nasales, tentador al tacto e incitador de la salivación-tabú sexual - ¿qué es la belleza, sino el recuerdo de la juventud, lo que lucía eterno y fresco entonces? ¿acaso no es la alegría la remembranza de esa pequeña selva que ha sido talada y arrancadas con violencia sus más tiernas y lindas flores y plantas? ¿qué es la alegría, sino la ebriedad de quien se declara abstemio y no prueba ni una gota de alcohol, pero siempre anda sediento de librar una revolución bioquímica en su torrente sanguíneo cual divino don traído por Baco?
Ciertamente la alegría es un bulo necesario, lo mismo que otros artificios que fabricamos desde el alba hasta la salida de los búhos; la capa del dulce sueño que efímeramente anula el efecto de las espantosas pesadillas. El Edén, paraíso inocente, niñez, sin atisbo de dolor, bien y mal.
J.B.B
martes, 15 de marzo de 2022
De la alegría como apariencia y necesidad
martes, 8 de marzo de 2022
De la lucha permanente contra la realidad
Toda nuestra vida tratamos de luchar contra la realidad, contra la cordura, el sufrimiento y el dolor. Nuestro cerebro, en contra de lo que se cree, no lucha solamente para preservarnos, sino para protegerse a sí mismo, ir contra la realidad que le atormenta, construyendo sus fantasías, egos, deseos, idealizaciones, postureos, sus promesas de liberación del dolor, sus sueños. La conciencia es enemiga del dolor, y vive de una gran ficción que haga soportable la obra al engañado. Intentamos en vano ser como locos felices. El cerebro anhela la borrachera, la locura. Esta es la causa del autoengaño. El autoengaño es la máscara contra la insoportable realidad del despropósito, la nada que se halla a unos pocos pasos de nosotros. La mentira subyace en el propósito. El propósito nos emancipa del sufrimiento, de la realidad. El propósito es nuestro fármaco, nuestra droga, el dulce ensueño.
martes, 1 de marzo de 2022
POEMA
Un poema que escribí a tenor de toda esta horrible situación bélica:
Guerra, miseria, espanto
Cambio de Munch el cuadro: Dolor más hondo que grito angustiado
Directores de orquesta con cerebro gangrenado
Odio canceroso
Fanatismo trasnochado
Megalomanía de Dios ¿O el Diablo?
Desprecio al género humano
Lucha entre hermanos
Miembros familiares atomizados
Hijos sacrificados
Rituales paganos
Sacerdotes bárbaros
Padres, madres y sus allegados desamparados
Desesperación en el espacio-tiempo
La paz del silencio
Se contradice con los sonidos de Tánatos llamado al regimiento
¿Seguís vivos?
¿Habrá mañana?
¿O las bombas y armas acallarán toda esperanza
De que el sol se alce en pacífico levantamiento?
J.B.B
domingo, 6 de febrero de 2022
Un poco de poesía.
¿Qué es el amor, sino un inevitable sufrimiento una vez extinguida la llama? Se tendría que saber que nada perdura, ni siquiera los sentimientos. El frío e indiferente tiempo los apaga y nos devuelve al vacío real, a la soledad, nuestro estado natural, gritando en medio del abismo llamado ninguna parte, clamando por un significado harto extraviado, al que un nuevo intento, como el ludópata desdichado echa su suerte y lanza la moneda al destino, donde quizá en esta ocasión salga la combinación ganadora y la riqueza inmaterial desafiante del efímero elixir químico se manifieste y haga de la inmortalidad el nombre de la persona amada y la estancia con ella sobre el ingrávido lecho que contemplará el fin de todo y se burlará, inclusive, de la astuta muerte.
Jorge Beautell Bento
06/02/2022
miércoles, 26 de enero de 2022
"El imperativo del lenguaje."
Una ráfaga de palabras disparadas por el cerebro. Escribir sin revisar, avanzando en línea recta hacia la profundidad de la sencillez. Bosques de vacío en el aire se desplazan al son de los símbolos alfabéticos. El lenguaje es comadrón del pensamiento y aquel de los fragmentos que componemos mentalmente ¿puede un gemido orgásmico gozarse sin ser emitido? ¿osaríamos interrumpir el rugido de un depredador? ¿cómo doblegar a la naturaleza? Ni los sueños son mudos y menos inteligibles serían sin categorías, mientras los percibimos sobre la blanda almohada. El lenguaje emerge de un instinto primitivo, mamar del entendimiento. Hasta los sordos se comunican con señas al igual que los mudos. El lenguaje lo aprendemos en el ambiente, mas su fundición está en la evolución y nuestra masa cerebral lo acopla y despliega en el espacio-tiempo venidero y del fuego pretérito que arde sin que sepamos de su lumbre, excepto al perder la llama presente. Todo este texto ha sido tejido al momento y sin revisar, prueba de que el lenguaje sobrevive al error y recrea cualquier paisaje visto, olido, saboreado, palpado y compuesto por el sistema psíquico. El lenguaje nos atrapa desde que se hizo obligado a nuestros antepasados homínidos para transmitir los secretos inconfesables de nuestra historia, la viva y la que habita en el polvo estelar ¿qué es el lenguaje? Gruñidos y rugidos de fieras dotadas de imaginación y alfabeto.
Jorge Beautell Bento.
domingo, 2 de enero de 2022
Del dolor como sensación más real para el cerebro
Desde mi punto de vista, nuestro cerebro interpreta el dolor casi siempre como más real que el placer. Si bien ambos comprenden las dos fuentes básicas de nuestras sensaciones, el dolor frente al placer posee una relación con el instinto más primitivo con el que nacemos, prevenir un malestar, protegernos de las amenazas del entorno. El placer es la conservación de un estímulo que agrada, pero no es concebido más real que un estado onírico o del sueño, quizá porque el cerebro requiere de la alerta para saber que se está despierto, temblores, agitaciones, miedos, incertidumbres, pellizcos, querer despertar ¿quien quiere desembarazarse del placer? No estaríamos en las redes sociales de ser así. El placer se asemeja a una droga la mayor parte del tiempo. Por el contrario, el dolor es un antídoto contra las ilusiones y justamente es lo que nos define y une como especie que se preocupa tanto por su dolor como por el ajeno—De darse lo opuesto no existiríamos, la cooperación, la ayuda ante el dolor de otros forjó la evolución. Los abrazos funcionan con este fin consolador. No sucede así con el placer que suele darse oxígeno a sí mismo en singularidad. Hasta en los amantes a veces hay poca atención al placer ajeno en la intimidad. El dolor supone incremento de conciencia, mientras que el placer tiende a ser ausencia u olvido.
miércoles, 29 de diciembre de 2021
Cerebro y mecánica cuántica
Para mí el cerebro funciona a escala cuántica. Crea predicciones y hasta que se produce la medida en el ambiente, donde se decanta la más probable conforme a estados anteriores o bien la predicción que el sistema considere como útil para su presupuesto corporal. Hasta esa decoherencia o análogo al llamado colapso de la función de onda en la mecánica cuántica—medición—con el darvinismo cuántico, una batalla entre las predicciones para ver cuál se ajusta más alostasis— preparación del organismo ante posibles cambios del entorno—, no hay una fija.
El organismo valora diferentes opciones como los colores de las partículas que yacen indefinidos. La predicción vencedera es la que se ajusta a lo que el sistema considera útil en ese momento, liberar cortisol, dopamina, oxitocina, acelerar el corazón, ralentizar el pulso, bien haber comido algo y mayores niveles de glucosa en sangre, cambiar las rutinas y ofrecer nuevas redes cerebrales, un reajuste donde se cambian las predicciones que se tenían previamente. El significado que confiramos a una circunstancia también altera el organismo. Un reto puede generar inquietud o bien todo lo contrario, motivación y adrenalina que son positivos para superarlo. Sentir nervios antes de un examen es señal de que el organismo se prepara para un desafío y no tiene por qué ser negativo si lo definimos nosotros como una oportunidad de lograr una meta, liberándose dopamina entonces, una gratificación fruto del esfuerzo de haber estudiado.
Al leerme, estás sintiéndote mejor, contento, animado y eso es porque el cerebro dispone de una red del lenguaje, y en efecto, según la neurociencia, las palabras generan un impacto en nuestra biología, crean sensaciones, emociones y sentimientos, sanan o enferman. Lo que pensamos, nuestras creencias determinan la manera de percibir el mundo.
Aquel, el mundo no está ahí fuera ya en lo tocante a la realidad social. La realidad física no son más que ondas y partículas de luz. Las emociones son señales cuyo valor depende del que le demos. Nadie está homogéneamente alegre, triste o enfadado. Inclusive, se puede estar con un ceño fruncido y eufórico como cuando se gana una competición y se grita. El tenista español Rafael Nadal es un buen ejemplo de ello.
Jorge Beautell Bento
29-12-021