martes, 13 de agosto de 2019

RELATO

RELATO

—¿Y cómo esperáis contemplar a los demás con cierto orgullo, satisfechos con vuestro ser, cuando sentís vergüenza/os avergonzáis de vosotros mismos?

Yo fui uno de los primeros en degradarse a la altura de las repugnantes liendres y piojos y en medio de ese estado recurrí a un auto-parasitismo. Succionaba ingentes litros de mi néctar; la endeble autoestima y dormitaba, en mímesis con los murciélagos, en los lóbregos rincones de mi madriguera o barril de Diógenes: la estrecha habitación__para un servidor, la notablemente subrayada línea de demarcación entre el individuo-mundo.

Cuando, la tímida en ocasiones y otras altanera, luz se filtraba por la ventana, ráudamente la cerraba a cal y canto. Aborrecía la claridad y cualesquiera de sus referencias sensibles y abstractas-inteligibles, el traimiento a la memoria de las geométricas formas regulares e irregulares, que habitaban en el conjunto de mi persona, las internas y las externas. Entre esas cuatro paredes de mí circunscrito mundo, sucumbí a la enfermedad mortal kierkeegardiana: el desespero. Allí me sentía desvanecer como ser en el mundo, análogo a un desatendido e inadvertido microbio, surcando el frío e infinito cosmos dispuesto ante su marco de visión; el suelo. Me divisaba demasiado minúsculo, como para comprender que el calificativo "diminuto" en realidad estaba referido a la estancia, en la cual estaba recluído.

Sin embargo, un buen día simple y llanamente me harté. Seguramente, los estudiosos en materia de psicología y psiquiatría habrán descubierto en esta era de avances y retrocesos, que se alcanza un margen de apatía irrebasable. En otras palabras, la pasividad no alberga un desplazamiento infinito, camina por rachas y algunas llegan a ser anuales e impredecibles. En el transcurso de ese intervalo temporal salen verdades, que prefieren ser tomadas por sordas. El cerebro es un órgano sumamente caprichoso. Se agota de reservas de dopamina, oxcitocina, serotonina y demás hormonas, al margen de la voluntad del individuo. Es una fábrica prácticamente incontrolada y autolegislativa (sigue sus propias leyes).

¡¡¡No!!! Cuando te precipitas hacia la brutal ausencia de conciencia, a las inefables tinieblas. En tales circunstancias, paradójicamente reparas en que no es real la libertad. El albedrío, poseído hasta la fecha, no es más que una obra de ficción, orquestada por las jornadas del jolgorio; el vaho de la alegría empaña el translúcido cristal de la realidad. Aburrido de mi desdén. Un abstracto cuadro de la negatividad, revolucionándose en contra de su autorreflejo. Con la escuálida libertad a cuestas, destruí ese espejo. Arremetí de lleno contra la simetría de la negación, tanto de mí como del resto de animales con uso de razón (con excepciones).

Muy lentamente, procedía a la ascensión en la naturaleza. Una elevación restada de jerarquías, sino en una tonalidad que podría calificarse de budista, en comunión con la vida en términos generales. La primera decisión, con la noción del determinismo cerebral, fue la de permitir que el recinto donde dormía volviese a contener luminancia. Inclusive el reino vegetal, con el que comencé por asociar conmigo, requería de calor y el suave roce de los rayos solares con objeto de desarrollar la fotosíntesis, analógo a dichos seres vivos.

En las lagunas de la poco precisa y fiable memoria, acierto a divisar a mi madre llamando a la puerta interdimensional, que divorciaba los conceptos habitación-resto de la casa. En mí, ni siquiera respiraba la voluntad de abrir el picaporte. Por el contrario, ella penetraba en la celda y depositaba el alimento en la incognoscible superficie. Albergo ligeros y fugases fogonazos de momentos, en que arrastraba mi imperceptible cuerpo y dedicaba una anhedónica (sin placer) cata, unos bocados mínimos al plato servido.

Unos meses después y pasada la etapa del orden o identidad de alma vegetal (recalco que suprimiendo escalafones divisores o diferenciadores, establecidos entre otros por los filósofos clásicos), subí__inversamente a Dante en los alegóricos círculos infernales__a la categoría de los miembros animales. Ahora, había realizado la proeza, poco a poco, de accionar el picaporte de la puerta de mi habitación y ejercitar el movimiento de los miembros anquilosados por los diferentes cuartos, acudiendo heterótrofamente (acudir en busca de comida) al frigorífico a servirme alimento y llevando a cabo una dieta más propicia de un animal omnívoro (ingerir toda clase de comida). Atesoraba los instintos y necesidades básicas sobrevenidos: el hambre, la sed, el sexo, etc.

Aparte, me percaté de que alcanzaba unas cotas (muy bajas, eso sí, pero se trazaban cifras en la gráfica perceptiva) de empatía con los habitantes con quienes compartía techo, nutrientes calóricos y no grasos, luz y agua. En efecto, un principio de agrado hacia su presencia se dibujaba en mi abanico emocional, cual animal contento al advertir que personas con quienes habita asientan cariño en su trato. La empatía, el sentimiento de afecto e interés y preocupación por los miembros participantes—el problema filosófico de las otras mentes—-, antes prácticamente invisible, incrementaba (levemente) su voz.

Transcurridos dos años, el bienestar se restauró prácticamente por completo y arañé el orden humano, uno en el que raramente o quizá nunca había obtenido comodidad, una estancia que admitiese como mía. Desde una edad bien temprana, siempre me habían representado como un invitado molesto dentro de ese género, motivo principal éste por el que ni por asomo acertaba a encajar en la ecuación "humanidad". Apunte: -Vaya usted a saber si alguien comprende un carajo de su fórmula y solución.

En los parámetros descritos, brotó de las raíces de mi tierra psíquica y orgánica un sano orgullo, ese que no pretende mirar por encima del hombre ni del hombro, sino solamente hacer notar que -soy un ser en el mundo (con atributos vegetales, animales con sus caracteres pasionales y aquellos cognitivos y afectivos más complejos en los humanos) complacido de sí, con sus privaciones de libertad, dependiente de los —inputs y outputs (entradas y salidas)—cerebrales y lidiando bio-socialmente, le guste o no, con su entorno y sujetos de naturaleza múltiple e incierta ¿para qué engañarnos?, pero que a fin de cuentas entiende.

A tenor de lo narrado en estas líneas, no habría ningún conjunto de razones para descender la cabeza al cruce de las miradas en la calle. Rememorando al filósofo holandés Baruch Spinoza: "La actividad más importante que un ser humano puede lograr, es aprender para entender, porque entender es ser libre".

J.B.B

lunes, 12 de agosto de 2019

OBJECIONES AL RELATIVISMO CULTURAL. LA PROPUESTA PLURALISTA EN ANTROPOLOGÍA

Personalmente, estoy en desacuerdo con la corriente antropológica del "relativismo cultural/culturalismo", en lo tocante a comprender e interpretar "neutralmente" a las demás culturas (desde sus propias creencias, valores, prácticas, hábitos).

En otras palabras, interactuar o establecer cualquier contacto inter e intra-cultural con ausencia de juicio en el miembro no nativo. La cultura y sus subproductos son tomados como marcador primario de la realidad humana, único marco de comprensión-estándares cultuales- del ser humano, desatendiéndose otros y negándose cualquier clase de absolutismo ético y moral.

Yo sí mantengo que por ejemplo el asesinato-sacrificios, violación sexual, mutilación de clítoris y robo son incorrectos/reprobables en términos morales, independientemente del contexto lingüístico- cultural/étnico, desde el que se enuncie la frase.

No obstante, sí concuerdo con el relativismo cultural en que tienen lugar diferentes racionalidades (esquemas, valores y cuerpo de creencias en el globo, mas lo anterior no implica que deba aceptarlas/compartirlas todas ellas por el mero hecho de realizarse dichos hábitos empíricamente, manifestarse en la práctica antropológica.

Es decir. Si bien me muestro partidario de la diversidad cultural, pues constituye un fenómeno real. Empero, creo que deben existir una serie de normas, principios y reglas comunes al género humano por encima de las particularidades geográficas, lo que no significa desprestigiar o repudiar las costumbres y creencias de otras culturas con base en que resulten ajenas a las nuestras, siempre claro está con la condición de no se vulnere el sistema normativo-axiológico consensuado propuesto con anterioridad.

En absoluto se deriva de esto que la cultura receptora resulte superior cualitativamente frente la emisora (perspectiva ETIC-del investigador frente a la EMIC- la perspetiva de la cultura nativa estudiada, o con la que nos comuniquemos).

Lo mostrado en este texto entraña la diferencia entre el pluralismo y el relativismo. Mi posicionamiento en este asunto de cariz antropológica, es pluralista: "Todo cabe, pero no todo vale".

J.B.B

sábado, 27 de julio de 2019

CRÍTICA A LOS VALORES DEL ROMANTICISMO: LA FALSA CONCIENCIA DE INSIGNIFICANCIA DEL SUJETO ANTE LA NATURALEZA OMNIPOTENTE PARA MIMETIZARSE CON ELLA. EL SUEÑO DE QUERER SER DIOS-EL CREADOR.

Si un olvidado árbol cualquiera del área urbana estuviese habilitado con la voluntad ¿no querría éste escapar hacia las límpidas montañas y zafarse del estado de enfermedad, que padecen su copa de demacrados tonos ocres, tronco torcido, ramaje reseco y raíces pútridas? ¿aceptaría de buen grado o mejor dicho, se regodearía en su decadencia?

Y yo nos pregunto a seres dotados de una voluntad (mínima aunque sea) ¿por qué permitir que la miseria existencial consuma nuestro ser? ¿en qué recae el logro de celebrar u honorificar la bajeza de nuestra humana condición?

La mencionada declaración, tan frecuente en los dominios literarios, filosóficos y artísticos. Allí donde soplan vientos románticos, con reminiscencias de las pinceladas del alemán Caspar David Friedrich, plasmando la absoluta insignificancia del homo sapiens ante la sublime naturaleza, etc.

Paradójicamente, en el sacralizado Romanticismo (movimiento artístico y cultural de espíritu anti-ilustrado y enemigo acérrimo de la razón; exaltación de los sentimientos) después se reivindican la libertad y el individualismo buscando emular la naturaleza indómita, tras primero haber desintegrado o desmembrado a la forma (imagen o representación) humana; aniquilamiento de la idea digna de "humano", interpretada a partir de entonces como "noción metafísica", y confinada en las dimensiones de los insectos y organismos microscópicos con tintes kafkianos. Queda inscrita  una máxima en el imaginario colectivo:

—Te despojo de tu dignidad (te bautizo como mísero) y concedo la ilimitada libertad de pisar, y al tiempo ser aplastado cual nauseabunda y sucia cucaracha, mas seré yo, la inadvertible hormiga u otro animal minúsculo al igual que tú, quién asechará y devorará, después de advertir que te hallas en estado moribundo o herido. A sabiendas de que seré escachurrado por un pie, o bien arrancadas mis alas de mosca infecta en un momento futuro.

Pese a autoconcebirse como un insecto, obra con los demás empleando el ego característico de los dioses; naturaleza incontrolable; henchida de libertinaje. El hombre común se asquea de sí mismo y aspira al ideal de lo sublime (superhombre).

En la subrayada idea de infravaloración, se percibe el elevado tufo a falsa modestia, la cual esconde a la perfección el rostro de la vanidad que encierra; el sueño de elevarse y ser mejor, con objeto de tomar las riendas. Tiene lugar la materialización de la pretensión por transformarse el individuo en una todopoderosa, temida y destructiva naturaleza. En este punto se dibuja la confusión romántica entre libertad y la acracia (falta entera de gobierno u orden).

De este modo, ante la afirmación de la bajeza globalmente y ubicados los humanos en el plano de los gusanos, e incluso el reino de los microorganismos, no importuna o genera mala conciencia obrar con mayor bajeza todavía. La bajeza queda permitida/tolerada (normalización) y la virtud es juzgada de altanera. Es decir, que difícilmente cabe establecer una distinción, comparación o réplica hacia las categorías de bajeza. La bajeza ya se ontologizó como propiedad naturiforme de la existencia.

La vida es leída con calificativos de mustia, asquerosa y oxidada, en tanto que se tienen puestos los ojos en una utopía localizada en la mente; la personificación en la sobrecogedora naturaleza, quien no rinde cuentas a nadie y obra fuera de márgenes, superando en poder al propio Creador asesinado (vieja moral repudiada), desdeñando el no cumplimento de la misma.

La utopía ha pasado a ser una lente distorsionada y fragmentada de la realidad existencial, proyectando una mirada distópica sobre toda ella, poco menos que maldita e infernal. Rememoriando la cita shakespeariana pre-rromántica: "El infierno está vacío y todos los demonios están aquí". Se relata de qué manera el individuo se deshumanizó con vistas a divinizarse y exculparse metafísicamente posteriormente (se encuentra más allá del bien y el mal) ¿será éste un propósito bien ensayado y mantenido a buen recaudo por parte de los protagonistas del Romanticismo y sus herederos?

La vida merece una bella, justa y bondadosa muerte (los conceptos alusivos a la conservación, compasión y preocupación son tomados como pensamientos superados (ama a tu prójimo-mandamientos a evitar) y discriminados como poesía; ahí podemos verter lágrimas por el curso del mundo), como el destino de aquel pobre árbol asentado en la avenida, contemplando impotente como se degenera hasta desaparecer. Al divisarlo, los paseantes exclamarán:

—Para eso nació. Por fin dejará de sufrir.

J.B.B

viernes, 19 de julio de 2019

MICRORRELATO


La katana de Yoshi San se tiñó de un incendiario y refulgente color rubí, un anuncio del crepúsculo de su alma...Lo último que divisó su retina antes de alcanzar la budeidad y tras cerrar los ojos, cual suave velo tapando su ser, fue su vetusto abdomen fundido con la espada. El frío metal entró en la endeble y arrugada carne. Había recobrado el honor, y su estoico camino al fin desembocó en la paz de una larga vida ejercitada. Yoshi abrazó el poético momento y se entregó de lleno a la iluminación, a las puertas de la serenidad eterna. Abandonando el mundo, un último haiku recitado:

Cae suave
Pesada piedra
El pájaro mudo

La paz
Del ruido hueco

Últimos pétalos 
Los más bellos de todos 

J.B.B

martes, 25 de junio de 2019

POSMODERNIDAD Y NIHILISMO

En el plano cotidiano, oímos constantemente hablar de la noción de "posmodernidad" ¿pero qué es realmente o cuáles son sus rasgos? ¿cómo es su relación con el nihilismo?

En primer lugar, la posmodernidad es un replanteamiento de la modernidad, una crítica a sus postulados y jerarquías coloniales, económicas e ideológicas. No obstante, al repensarla comete a mi entender el fallo de borrar cualquier línea divisoria o trazar límites, unas nociones orientadoras primarias (llámese principios) frente a la zambullida en una zona de conflicto bélico y estar a merced de las bombas y desprotegidos de los extremismos.

Resulta comprensible entonces referirse a la sociedad del riesgo, el peligro inminente, el fracaso del diálogo político, un poder en la sombra, que para colmo se nos presenta como no vigilante o represor ni normativo en términos foucaultianos-La norma nos atraviesa y llevamos un policía interior que nos coarta-, sino una suerte de condición necesaria con objeto de estar integrados en el sistema.

Todo replanteamiento a mi juicio debería saber cómo mantener elementos previos salvables/rescatables (este ha sido el error de los sistemas educativos en gran cantidad de países). No cabe un barrido completo del sistema anterior, fuera de un análisis reflexivo y colocar nuevas piedras arrancando de alguna pieza servible, reutilizable ¿por qué no asentar un trasfondo ecológico en este punto, la conciencia de replantar, volver a utilizar y no incinerar, trasladada a múltiples esferas de la sociedad? Peor todavía, hay un salto a una incertidumbre enfermiza, un "pensamiento débil" y voluble por entero.

Una deriva posmoderna más adecuada, hubiera sido esa "ecologización descrita" y estudio serio de la razón ¿por qué abocarla a la instrumentalización-El fin justifica los medios- nuevamente después de Auschwitz, el Gulag y demás símbolos de la barbarie, que puede alcanzar mediante la lógica de la muerte y la técnica no autocrítica?

Mediante la supresión de la razón y el gobierno libre de las emociones en un primer género de potencia-pasivos ante el objeto- el juicio estará en manos del arrebato, el populismo y la persuasión tan abundantes. El emotivismo ha sabido bien como herir de gravedad a la "prudencia racional", tornando lo irracional como deseable y anunciador de una libertad de "emocionarse con lo establecido para ejecutar tal respuesta", que lejos de emancipar, ata y encadena al individuo al cable de los medios culturales de opresión o ideologización, un esclavo feliz de la industria cultural.

La posmodernidad ha desembocado en una sociedad banal, simbolizada con la idea del escaparate (las modas, la imitación de las tendencias para integrarse en la ideología predominante y exclusión o marginación al rechazar sus postulados) -gusto por exhibir una transparencia falaz, garante del control y alieanación de variada índole y celebradora de la muerte de la utopía. Enterrado queda el atisbo de esperanza.

Lo denominado como posmoderno abraza el nihilismo (negación de todos los principios y valores, el reducto a la nada, despojándola hasta de su función creadora. Contemple indiferentemente el jardín secarse y no solo el jardín, las masas de muertos aparecidas en imágenes compartidas y expuestas en los informativos televisivos) y conduce a todas las cosas a su finitud. Rememoria de las palabras de Wilde en el magnífico "Retrato de Dorian Gray"-"El hombre conoce el precio de todo y el valor de nada", a la entropía cosmológica y el desgaste biológico. Ilustremos como ejemplo una destrucción celular absoluta y no regenerativa.

Se totaliza el concepto de "descomposición", componiéndose poesías acerca de la porquería que entraña ser humano y su miseria de existencia hueca, vagabundeando sin ningún propósito a la puertas el suicidio, o bien recibiendo el inevitable beso del "ángel exterminador", prolongando en demasía su más que posible muerte.

De lo anterior, obtenemos el que no resulta sorprendente que hasta a la moral le aguarde un destino oscuro. Hay un sucumbir. Se prescinde de la lucha por la preservación. Hay ruinas y despojos de un tiempo atrás maldito, aunque sin pretensión de reconstrucción. El humano se ha rendido y se despreocupa porque el propio mundo en el que habita y es-está arrojado (Dasein heideggeriano) arda en cenizas ¿No advertimos una sacralización del egoísmo en su fase más depredadora?

La sentencia final podría ser la siguiente: La vida ha muerto, el individuo la ha matado y ni siquiera se preocupa por colmarla de un sentido, que le permita soportar dormir y despertarse inhalando aire. Optó por un melancólico sueño de fenecer durante el breve periodo de la conciencia.

J.B.B

miércoles, 5 de junio de 2019

CARTA A LOS POSMODERNOS

Carta a los posmodernos: 
Para que un razonamiento tenga validez, este debe ser absoluto. Si su validez es relativa no puede fundamentarse en nada (es vácuo), en tanto que otros argumentos y lenguajes opuestos a la proposición afirmada albergarán la validez absoluta, que se pretende refutar al negarse toda validez (esto comprende ya un absoluto). La medición cualitativa resultaría imposible y entraña un absurdo lógico. Cualquier elemento estaría inserto a modo de aceptación/permisividad, inclusive aquellos que atentan contra los argumentos esgrimidos. 
Muy distinto es referirse a una validez (contingencia) en un contexto concreto y definida por el mismo (pragmática), pero in situ no deja de contener un carácter absoluto para inferirse una posición a favor o en contra del enunciado expuesto/manifestado. 
Si carece de totalidad, no hay cabida siquiera para el reino de la posibilidad. Algo posible debe partir de un enunciado afirmativo o bien negativo resuelto y no una A y no A (contradicción)
Ilustremos lo anterior con los siguientes ejemplos:
¿puede ser posible que un sujeto sea presidente de un país y no lo sea al unísono? 
¿Es posible apoyar y condenar el procés de autodeterminación catalán? 
¿es plausible que se mantenga la justificación del aborto (con ausencia de excepciones) y en las siguientes líneas se lo desapruebe completamente? 
¿Cómo respaldar los derechos humanos, que me esmero en hacer notar, si concibo que es lícito que se lapide a las mujeres acusadas de infidelidad en los países musulmanes, alegando que hay respetar las costumbres de ese país con un tono progresista del nivel Pilatos (me lavo las manos con lo que pase y en consecuencia no debo juzgarlo) 
Aquí es donde la falacia de la ambigüedad se da de bruces con la realidad del lenguaje. 
Hasta las antinomias (ideas contrarias que no pueden probarse empíricamente, tales como el principio del universo a manos de un Dios frente al Big Bang) de la razón pura requieren de absolutos. La libertad es pensada en la ética y negada en la causalidad de las leyes naturales alusivas al conocimiento. Pero si atendemos bien, en sí el espacio delimitado la libertad en la ética (razón práctica) no puede mutilarse si se ha predispuesto como condición de posibilidad de acción -autonomía. De acuerdo con Kant, no vale decir "Es relativo ser libre en una situación concreta y determinado en el resto de circunstancias y viceversa". 
Tampoco el Übermensch (superhombre) nietzcheano se entregaría a renovar sus valores y volverlos a retomar seguidamente, aduciendo que es relativo lo que se entienda por transvaloración, cometiendo con ello un homocidio contra sus propias convicciones. El absoluto es condición sine qua non (necesario) de la validez. 
Voy más allá: 
La negación perpetúa en la compleja estética de Theodor Adorno no deja de responder a una resistencia equiparable a validez absoluta ¿cómo podría el pobre Adorno contentarse con reivindicar el sufrimiento en el arte y la conciencia de la barbarie en la estética de lo feo (lo negro), publicitando discursos favorecedores de la industria cultural, alentando al empleo de colores alegres y la promesa de felicidad, junto a la traición a su estilo hermenéutico, pasándose al bando analítico, la claridad tan repudiada por él? 
A propósito de la estética ¡¡¡No señores!!! En el arte tampoco tiene plaza la contradicción. A la hora de jugar con que algo sea y no sea (caso de la pintura de Magritte-"Cesi n‘ est pas une pipe"), estamos en realidad negándolo, en tanto que el no ser cobra más fuerza/preponderancia que el ser. El arte de tendencia nihilista se regodea en su gusto por la ficción de la nadería, la antítesis para acometer una embestida a la realidad (renuncia a la adaptación). No obstante, por mucho que nos esforcemos en omitir el mundo, estamos en un absoluto, en la omisión. Es inimaginable una sociedad, universo y sociedad coexistiendo en el mismo punto que su ser negativo. Lo lamento. 
En cuanto la incertidumbre, lo inesperado, nada tiene que ver con este asunto, debido a que todavía no ha acontecido y la posibilidad de ser no está definida. De esto en cambio no derivamos que no haya un futuro absoluto (ocurrirá un fenómeno u otro), puesto que cuando tenga lugar se materializará con objeto de esculpir su existencia. 
Pongo término a este escrito trayendo el pensamiento del filósofo alemán y discípulo de Heidegger, Häns Georg Gadamer. La reinterpretación constante no conlleva la pérdida del absoluto momentáneo. En este momento, interpreto desde mi horizonte histórico (círculo hermenéutico) que el texto leído me genera unas ideas. A pesar de que estas se transformen con una nueva lectura, en este momento, es la validez del absoluto el que permite vehicularlas e inteligibilizarlas mediante el lenguaje. El diálogo o debate con el otro, a su vez debe ser absoluto en lo respectivo a sus premisas. De lo contrario ¿qué visiones se van a confrontar o cuestionar? 
"Yo opino que tanto tú como yo estamos en la razón y el concepto u objeto hablado y tratado será siempre relativo, sin validez absoluta". Con base en esto, todos los seres humanos deberíamos poner en práctica este imperativo: 
Consentir plácidamente ante un discurso, no importan las circunstancias ni el carácter del contenido. Finalizo con un interrogante ¿En que nos separa esta armonía buenrollista de una dictadura y evita un abocamiento a la barbarie? 
J.B.B

viernes, 24 de mayo de 2019

EL ABSURDO Y RIESGO DE LA ALTA COHERENCIA : LA INCANSABLE RAZÓN

La coherencia desmedida de la razón se torna en un absurdo. La razón pide demasiado al ser humano, y por ello éste fracasa estrepitosamente al arrojarla al mundo como un ingente yunque. El peso excesivo de la razón siempre resulta tiránico y totalitario.

A la contra de Schopenhauer y conforme con Kant, no solamente tiene lugar con los deseos. La razón nunca tiene suficiente. Es incansable y aplasta violentamente a los individuos, inclusive aquellos más entrenados para resistir su descomunal fuerza. Esto es algo que todavía muchos pensadores no han tenido en cuenta.

Beatificamos estructuras, que jamás detienen su ascenso y anhelamos que besen los cielos. Sin embargo, finalmente se derrumban cuál Torre de Babel. Los empequeñecidos humanos asombrados bajo sus columnas y contemplando su magnificencia, se hallan desprotegidos para resguarecerse del inevitable desplome. Su destino es yacer entre los escombros tras querer tomar el llameante y destructor sol.

J.B.B