lunes, 27 de febrero de 2017

Una tarde nostálgica cualquiera

Las gotas de lluvia que repiquetean en los cristales de mi ventana representan música para mis doloridos oídos, víctimas del atronador ruido ocasionado por la desafinada orquesta de claxons compuesta por el tráfico matutino, al que hay que añadirle el molesto traqueteo que genera la obra que están realizando en mi calle desde hace días. 

Me hallo aquí taciturno, cumpliendo el ritual fijado, que se basa en degustar un intenso y fuerte café au lait expresso tras el disfrute de una saludable siesta de media hora, mientras me dedico a revisar en Internet  las noticias publicadas en la prensa local, nacional e internacional. Así es, al contrario que la mayoría me gusta informarme, o mejor dicho desinformarme y leer mentiras para entretenerme en horario vespertino. 

El último de los cigarrillos que prometí no volver a fumar, se consume en el cenicero de cristal de Bohemia que mis padres me trajeron como recuerdo del último de sus viajes, mientras suena en la radio la melancólica canción "Yesterday", cuya autoría recae en el conocido grupo británico The Beatles. 

Al mismo tiempo, escucho a través de las frágiles y finas paredes de mi habitación la agradable voz de mi vecina, la chica por la que suspiro desde que me mudé aquí. Anhelo reunir el valor suficiente para confesarle mis sentimientos un día de estos. Estamos pared con pared, tan próximos, y sin embargo la lejanía que suscita mi gigantesca timidez erige un impenetrable muro entre nosotros.

Jorge Beautell Bento


domingo, 26 de febrero de 2017

LA TEORÍA CRÍTICA: EL CARNAVAL, DROGAS Y LA ADAPTACIÓN DE NUESTRA BIOLOGÍA Y PSICOLOGÍA (MENTE-CUERPO) AL SISTEMA

LA TEORÍA CRÍTICA: EL CARNAVAL, DROGAS Y LA ADAPTACIÓN DE NUESTRA BIOLOGÍA Y PSICOLOGÍA (MENTE-CUERPO) AL SISTEMA VIGENTE.

Caminar al rayar el alba tras la noche de Carnaval en el archipielago canario, significa toparte con un escenario similar al de un gran conflicto postbélico. Decenas de personas andan con dificultad, tambaleándose y otras tantas caen al suelo pidiendo auxilio a sus camaradas. Algunas no cuentan con ninguna mano amiga y son abandonadas a su suerte como animales desvalidos. 

Sin embargo, en lugar de un reguero de sangre, aquí el rastro que deja tras de sí la marea humana que a altas horas de la madrugada cerraba el paso de las calles es un mar de vómitos y orines. La libertad exige responsabilidad y, queda claro que los soldados abatidos que en la aurora desfilan por las calles de las principales capitales isleñas, desconocen lo que implica acatar las consecuencias de las acciones y decisiones que llevan a cabo.

La muestra de esto se manifesta en varios rostros compungidos y personas sentadas en el bordillo de la acera con la cabeza apoyada en las rodillas, probablemente desnortadas y conteniendo las náuseas o yaciendo semi-inconscientes en los bancos, con las que nos cruzamos al deambular por este campo de batalla juerguista.  

Contemplando este espectáculo dantesco, me doy cuenta de que el legalizado alcohol a diferencia de otras drogas penalizadas, en altas dosis ejemplifica la verdadera cara de la inmundicia humana. 

El consumo de alcohol ha dejado de conformar un hábito saludable, pasando de esas copitas de vino recetadas por los médicos y las cervezas que nos refrescan el gaznate, al tiempo que animan cuando quedamos con amigos, colocándole un tope de forma responsable a situaciones violentas, conflictivas, desequilibradas y nocivas para nosotros y quienes nos acompañan.  

Frente a la positiva utilidad social residente en las bebidas alcohólicas, la tendencia a beber alcohol hasta perder la conciencia se transforma en una obligación entre las camarillas de jóvenes y no tan jóvenes cuando salen de fiesta. 

Fruto de dicho imperativo exigido, la condición de beber, para ser aceptado dentro del grupo de iguales, la posibilidad de divertirse de manera moderada se coarta por completo. 

Desde un punto de vista psicológico, el alcohol constituye una suerte de desinhibidor, un medio para lograr un desahogo y desquite del malestar haciéndonos olvidar las penas, perder la noción del tiempo y saciar los impulsos sin tener que rendir cuentas ante nadie, excusados por el estado de embriaguez en el que nos encontramos. 

Quizá el motivo del ascenso de la marea alcohólica en nuestro organismo no sea otro que lo que ya he nombrado en anteriores escritos. Los heridos de la guerra carnavalera y del consagrado botellón son víctimas de los valores hedonistas inculcados en nuestra sociedad por parte de distintos sectores. 

El hallazgo de placer resulta crucial para garantizar la subsistencia de los individuos. No obstante, presos del capitalismo y su hijo el neoliberalismo, los estímulos placenteros siguen la lógica del mercado y ahora únicamente se persigue nublar el juicio y los sentidos, imposibilitando adoptar actitudes de resistencia y contestatarias a dicha lógica. 

La meta acualmente parece ser experimentar un goce desmedido, que paradójicamente al final se opone al propio bienestar de las personas y hace que peligre seriamente su salud. El poder nos lanza su red, un sutil y potente somnífero suministrado a nuestro cerebro, valiéndose de su necesidad biológica respecto de recibir experiencias agradables. 

A mi parecer, las causas de esta deriva de las salidas nocturnas de diversa índole, está provocada por una alimentación del sujeto a manos del sistema, el cual le provee de un sin fin de sustancias y vicios que mermen sus mecanismos psicológicos y cognitivos, los cuales se adaptan sin remedio al sistema ideológico vigente, constituyendo éste un espejo de los comportamientos internos de los sujetos. 

Los filósofos Platón y los frankfurtianos Adorno y Horkheimer estaban en lo cierto, las imágenes apetitosas que se nos colocan a la vista son engañosas, pero hemos (yo incluido) transfigurado esas falsas imágenes en realidad, viéndose quebrada cualquier medida crítica ante lo que nos llega. Ya no existe desconfianza cuando la bruja del cuento de Hansel y Gretel nos invita a entrar en su casa hecha de dulces y golosinas o cuando la malvada reina ofrece a Blanca Nieves la manzana envenenada. Un espíritu crítico precisa de un escepticismo del que se carece. 

Esto se debe a que el sistema económico-político nos brinda justamente lo correspondiente a las necesidades biológicas, valiéndose de ellas para alterar los patrones sociales y volvernos esclavos de aquel "mundo feliz" que nos describía Huxley en su novela, una Matrix en toda regla. Lejos queda una época que anhele despertar de esa hipnosis y reclamar la pastilla roja que el personaje de Morfeo nos tendía en la película con objeto de descubrir la verdad y liberarnos del mundo ficticio en que vivimos. 

Jorge Beautell Bento 

26/02/2017

sábado, 18 de febrero de 2017

El lado luminoso del utilitarismo.

Llega el día en el que te identificas más con un Sith del supuesto lado oscuro, que con el héroe que blande la espada de la justicia universal, aunque con sus respectivos matices que ahora explicaré.
Por concebirme bajo la entidad ficticia de un Sith, perteneciente al grupo antagonista dentro del universo de Star Wars, entiendo mantener la postura del utilitarismo, basado en sostener que sí existe un egoísmo (que no es necesariamente negativo, tal como ha sido comprendido hasta la fecha, sino positivo, con base en la propuesta realizada por una amiga mía), y utilidad en todas las cosas e intereses que impulsan la ejecución de cualquier acción, atendiéndose a los fines prácticos, frente al cuerpo teórico de la intencionalidad y asunción del deber (deontología).

Retomando la analogía con la saga "Star Wars", en absuto soy un Jedi desinteresado, un sujeto racional puro y lógico, quién piensa además que debe obrar siempre de la misma forma, apoyándose en un deber universal y la imparticion de justicia por obligación, reprimiendo sus intereses y emociones subjetivas particulares.

Sucede todo lo contrario, dado que obro de X forma en un ambiente X porque tengo una intención, inclinación emotiva de hacerlo de X modo (con sus condicionantes y determinaciones. Debido a esto, desdeño la creencia en un libre albedrío o libre voluntad. Luego mantengo que estoy equipado con deseos, pasiones, emociones, motivaciones, creencias, significados, juicios hipotéticos (probables, contingentes)para ejecutar una determinada acción. 

Así, me veo obligado a adoptar una posición escéptica y pragmática  (Los significados en su uso particular, en lo que respecta al contexto/situación, ligados a éste) 

Siguiendo con el emotivismo de David Hume, las emociones constituyen el propulsor para albergar un posterior razonamiento que me haga ejecutar una acción, variando ésta según la situación particular que se me presente. Bien distinto es el uso que le otorgue. Es decir, que deseo,estoy provisto de intereses, caminando en una u otra dirección dependiendo de las creencias éticas y morales interiorizadas. Todo ello en consolidación con mi apoyo a la visión spinozista, que se ve reforzada por la teoría darvinista basada en el conatus, la autopreservación de las especies, mediante la privación del sufrimiento ajeno en cualquiera de sus integrantes.  
Por lo tanto, estoy a favor de prestar ayuda, cooperar entre los sujetos siempre que resulte posible, con objeto de lograr experimentar un posterior equilibrio psicosomático (estar bien de mente y cuerpo, con la obtención de unos beneficios colectivos en los resultados gracias a la suma de potencias. No obstante, debe quedar claro que los sujetos mencionados no son ideales, reducibles a categorías de tipo A, B,C,D homogéneas, iguales en todos los aspectos. La singularidad, individualidad del cuerpo de creencias, emociones, experiencias locales-culturales está contenida en A y los demás. Luego no parece adecuado hablar de un A equiparable a una totalidad de características universales. 
Sin embargo, admito que en el caso de resultar imposible hallar mejoras que afecten a todo el colectivo, habrá que obrar buscándose los mejores resultados, aquellas consecuencias beneficiosas para la mayoría y el sujeto particular, que no siempre concuerdan con las expectativas, negándome con ello la idea de la sujeción a un deber basado en el cumplimiento de un código normativo inamovible. Me pregunto lo siguiente: ¿De que sirve la intención si el resultado es nulo, o bien perjudicial?

De este modo, estimo relevante la presencia de la acción práctica-intención teórica, ambas, si bien le concedo más importancia a las consecuencias en la praxis que la última (la voluntad es más débil de lo que pensamos), de acuerdo con las circunstancias circundantes. Los objetivos iniciales no se mantendrán fijos, sino que variarán según las circunstancias que rodeen a los individuos, al tiempo que sus prioridades en el curso de la acción también sufrirán alteraciones. 

martes, 7 de febrero de 2017

EL FENÓMENO DE LA MUERTE

A mi entender, la muerte de un familar es un fenómeno que demuestra el fondo emotivo residente en los seres humanos. Por más que se suponga la defunción, el espíritu del colectivo se resiste a aceptar que la persona no estará ya entre éste. Los encuentros en vida dan paso al sufriente desencuentro tras la hora final.

Los afectos constituyen la manifestación máxima del apego, el deseo de posesión de la recepción de cariño y bienestar, como una expresión de la necesidad social que sentimos los animales humanos.

La sociabilidad es una prueba de la empatía. Aunque suene mal en lo hondo del asunto subyace la utilidad. Sin embargo, es una utilidad en el buen sentido para alcanzar la alegría y gozo/dicha, con el aumento de la capacidad de obrar con otro ser idéntico a nosotros. Dependemos de los demás para subsistir.

El cerebro es un órgano claramente evolutivo y entra en batalla contra cualquier indicio de pérdida ante los estímulos positivos que recibe de las causas externas, el otro. La autoconservación del individuo se hace patente en las ansias de preservación de la alteridad, desde la que construye su identidad.

He aquí el reflejo de su conatus, el ser para la vida, plasmado en el vínculo afectivo experimentado hacia la mente-cuerpo o  cuerpo-mente ajena, que es la nuestra también.

domingo, 4 de septiembre de 2016

¿ES POSIBLE SUPERAR EL CONTEXTUALISMO ÉTICO-MORAL, SIN DEJAR DE RECONOCER LA DIVERSIDAD CULTURAL? DEJANDO ATRÁS EL RELATIVISMO EXTREMO.

¿ES POSIBLE SUPERAR EL CONTEXTUALISMO ÉTICO-MORAL, SIN DEJAR DE RECONOCER LA DIVERSIDAD CULTURAL? DEJANDO ATRÁS EL RELATIVISMO EXTREMO. 
La siguiente reflexión es una crítica al universalismo habermasiano (Jürguen Habermas-"Teoría de la acción comunicativa" y" Ética del discurso"), que tanta pompa adquiere en las filas de las ciencias sociales, pero también hace oportunas observaciones al relativismo fuerte, que admite cualquier pensamiento, aceptándose ideas racistas, homófobas, sexistas, clasistas, etc. A mi entender, para que el relativismo de carácter débil y no dogmático sea sostenible, hay que contar con unas bases mínimas de actuación, evitando un "todo vale" que ponga en tela de juicio esos valores básicos (desde nuestro punto de vista). 
No obstante, no se obvia que lo normativo-valorativo no es entendido de manera homogénea por todas las personas. Lo normal y su madre la normatividad se ubican y definen dentro de un contexto empírico determinado, por lo que no es establecido o acordado idealmente por unos sujetos perfectamente dialógicos y racionales, que alcancen absolutos acuerdos situados en "una abstracta comunidad moral", de acuerdo con la propuesta de Habermas. Aun así, el contextualismo conduce a una imposibilidad de flexibilidad en el pensamiento al equiparar por completo los lenguajes éticos/racionalidades, dejando de colocarse uno mismo como sujeto de crítica, aceptar disonancias, otros pensamientos distintos a los suyos, etc.
Si "todo es fruto del contexto", tal como se asegura en los círculos académicos filosóficos, antropológicos y sociológicos (contextualismo histórico, sociológico y antropológico). Entonces, los principios mínimos responden a una utilidad para posibilitar la convivencia, justicia e igualdad entre las personas. La construcción no deja de obedecer a una necesidad (empírica) de nuestro enfoque cultural, en cuanto a la defensa de unos valores y derechos básicos. Estimamos como condenables la esclavitud, violencia, maltrato, opresión, etc. 
Esta referencia ético-moral elemental, aparentemente no resulta perjudicial a la hora de tratar e interactuar con otros contextos, pero se problematiza irremediablemente al colisionar nuestro sistema de creencias con las suyas. Para tal labor, se requiere de la realización de complejos debates, alejados de "falsas situaciones ideales de habla", comprendiendo que no cabe un perfecto entendimiento, sino que hay resistencias, conflictos en el diálogo y la comunicación por parte de los participantes, al manejar distintos códigos simbólicos. 
Los "occidentales", geográficamente hablando, pues hay quienes no comulgan con la ideología de los países que integran el término "Occidente". Los nacidos en este espacio del planeta, sin obviar que la etiqueta respecto de su nombre es una construcción, quedando vacía de significado si el ser humano desaparece de la faz de la tierra, o si se determina que las fronteras semióticas (del significado) han variado su rumbo. Admitimos ciertas costumbres y ritos siempre que no atenten contra tales derechos y dignidad de los seres humanos. Sin embargo, cambia el hecho de que aquí somos conscientes del constructo en cuanto tales conceptos y categorías, así como la adopción de una postura de respetabilidad, dirigida hacia aquellas costumbres, tradiciones comunitarias y tribales que no vulneren dichos principios, mostrando preocupación por la identidad y diversidad cultural de los pueblos, así como su no supresión. 
Otro aspecto que fluctúa, es que no hay mención de "superioridad/"progreso moral". Se abandona un hipócrita sentido ilustrado en las nociones, el cual otorga realidad a los conceptos, tomados como entes existentes, olvidando la génesis convencional, historicidad de los mismos, pese a que éstos jamás se desplieguen sobre el terreno práctico, sino que solamente habitan la perfecta y bella teoría. Luego no somos "mejores" ni tampoco héroes, ángeles alados que juzguen sin examinarse a sí mismos (ésta es una dificilísima tarea. Sería una ingénua idealización apuntar que fácilmente, carentes de una educación que propicie la actitud crítica, lograremos ponernos a prueba y echar una ojeada en nuestras propias obras) . Es decir, que de conseguir esto, ya no nos ocultaríamos tras la falaz bandera de la occidentalizada y salvadora "civilización", culpando, tachando positivamente (positivismo de Augusto Comte) de "barbarie" o "salvajismo" a otras culturas/formas de vida/racionalidades, excusando de este modo nuestro terrible y asesino recorrido, quedando ausentes de una autocrítica que contribuya a la apertura de esquemas y el cuestionamiento de arraigadas convicciones. 
Simplemente se trata de una manera distinta de concebir el mundo, que no es tolerable ni admisible para nosotros, atendiendo a criterios consecuencialistas y emotivistas (búsqueda de placer y rechazo del dolor), tales como las consecuencias negativas, traducidas en dolor y sufrimiento, que mediante la permisibilidad de ciertas prácticas se inflige a otros seres humanos. Recalco que primeramente hemos de evaluarnos críticamente, observando las injusticias y atrocidades que cometemos (yo también me incluyo), sin cambiar rápidamente de tema o justificarnos cuando nos preguntan por la discriminación y exclusión que llevamos a cabo con distintos colectivos, el odio que sembramos y proyectamos sobre los demás, los actos violentos que desencadenamos a diario, etc.
El objetivo, es tratar de que se eviten tales conductas y hábitos, sin alterar ni romper la particularidad y riqueza de la historia de aquellos pueblos aborígenes, indígenas y no nativos, desterrando ideas colonialistas y de supremacía, al tiempo que se apuesta por una supervivencia/conatus colectivo (presentándose que no hay una única imagen del mundo)
Jorge Beautell Bento 
04/09/2016

sábado, 23 de julio de 2016

REFLEXIÓN PERSONAL VERANIEGA SOBRE POSMODERNIDAD Y MODERNIDAD.

REFLEXIÓN PERSONAL VERANIEGA SOBRE POSMODERNIDAD Y MODERNIDAD.

Desde mi punto de vista, la posmodernidad es relevante, porque refleja el absurdo, la incertidumbre y el sinsentido que caracterizan al ser humano. El ser humano es una nada insignificante y ridícula, que en su patetismo una vez se consideró especial, ulterior, pretendiendo estúpidamente dominar el mundo y oprimir, anular a quienes estimase con un rango inferior.

La posmodernidad, expone la cara de la barbarie que puede alcanzar la razón puramente instrumental (fines-medios). Se expresa el horror que causa una sociedad burocrática y movida por la fría lógica, donde los ciudadanos se han convertido en nuevas máquinas para la producción, obedeciendo sin rechistar cuales hormigas esclavas, una masa sin nombre/individualidad en las entrañas y las afueras de un hormiguero, cualquier norma o regla atendiendo al carácter natural, luego inmutable de las mismas (Esta analogía de la sociedad y el trabajo con el hormiguero, arranca de una representación humana, dado que más allá de nuestros esquemas humanos, es muy difícil cuando no imposible configurar retratos y descripciones puras, quedando como advertencia que la mirada humana es el espejo distorsionado, a través del cual se contempla y delimita el mundo/la realidad).

La posmodernidad ha sido condenada. Yo he sido uno de sus jueces en el pasado, cegato, falto de una graduación autocrítica. Ahora, observo que la posmodernidad constituye la manifestación de las fuerzas violentas ocultas,  residentes en la no tan progresista modernidad. Tanta sed de avance padecían los modernos, que estaban dispuestos a disolver las minorías en nombre de unos conceptos abstractos universales, donde una gran cantidad de identidades quedaba en el silencio, excluidas y sin voz. Por lo tanto, la posmodernidad representa la pintura de la fealdad moderna, la caricatura del ser humano, narrando los efectos de la industrialización y la tecnologización desmesurada, no evaluativa, experimentando con cobayas humanas, en laboratorios, a los cuales se les niega la etiqueta de "sociales".

Evidentemente, hay borrones y manchas en el lienzo de la posmodernidad, tales como el desdibujamiento de unos mínimos a los que acudir, perdiéndose en un nihilismo negador de todo, incluso de la condición humana, respecto a quienes no son contemplados como iguales humanos. Es hija también de un individualismo exacerbado, que nos ahoga ante la soledad y repele la colaboración. Allí donde se asienta la misantropía, el odio por lo que huele a diferencia, la cuál se ha vuelto totalitaria de tanto reivindicarse, dejando de lado a lo que no es igual a ella misma, razón por la cuál los colectivos únicamente identifican su propia distinción. A ella se suman el ascenso de los individuos a un escalafón superior, a costa del derramamiento de sangre, generación de violencia, bombardear poblaciones, alimentar el odio hacia quienes albergan otros credos, repudiar e invisibilizar a quienes habitan otras zonas geográficas, eliminándolos de los medios de información y comunicación, de la historia.

La posmodernidad y modernidad ofrecen una panorámica de claroscuros, contrastes entre oscuridad y luminosidad. En las tinieblas, se advierte el espanto, la efigie de un "grito munchiano" (cuadro de Munch), respecto a una modernidad que perdió su rumbo, por el hecho de pensar que la historia llevaba ya un camino dirigido, afirmando que la existencia contenía un fin en sí misma. En cuanto a la parte luminosa, ha encandilado la posmodernidad la conciencia social y los derechos humanos que una vez se promulgaron. La cooperación es necesaria, para sortear obstáculos y construir un mundo más solidario y pacífico, aunque hay que tener presente el conflicto y los desacuerdos, como parte de un diálogo realista y no contrafáctico (idealizado, sin mencionar las posibles barreras. Hay que dar la palabra al discenso (desacuerdo), como parte de una mayor representación de los participantes).

No obstante, pienso que el error de la modernidad, radicó en ser creyente de un absolutista universalismo, el cual se correspondía con los valores y costumbres occidentales, imponiéndose a otros países, colonizando los ámbitos sociales, políticos, económicos , psicológicos, éticos y morales. Aún cuando el pensamiento moderno cayó en este fallo, sabemos que el "todo vale" del ultrarrelativismo posmoderno tampoco arregla el asunto. De este modo, pareciera que una posible vía para solventar este problema etnocéntrico, recae en una educación, que fomente la empatía fuerte, no dogmática, autocrítica y solidaria, que a la par tampoco aparte los localismos e identidades particulares de las comunidades.

Queda claro que la ciencia no es nuestra enemiga, ni es sinónimo de "eje del mal," pero el arte y la metafísica tampoco son adversarios. Requerimos del arte para crear e imaginar, contradecir, decir lo que no se dice, expresar la inefabilidad. Hasta nos valemos de la metafísica, para la oferta de nuevos planteamientos y propuestas (toda propuesta parte de una postura metafísica). La ciencia resulta útil para mejorar las condiciones de vida de las personas. Si bien el pensarse a sí misma, reflexionar sobre su praxis, resulta vital para no volverse contra la humanidad que asegura defender, preocuparse y ayudar.

La cuestión está en no ceder ante el pensamiento único, que divulga la opresión y la tiranía. En mi humilde opinión, de esta manera podrían converger modernidad-posmodernidad en una relación dialéctica. Dicho de otro modo, alimentándose mutuamente, en pos de un futuro no tan distópico como el dibujado por la literatura de ciencia ficción y las obras de Huxley u Orwell. Aunque tampoco con un nivel almibarado de utopía, el cual haga fantasear una vez más a la humanidad con superarse a sí misma, construyendo nuevos campos de exterminio y armas, que hagan volatilizar ciudades en milésimas de segundos.

En última instancia, quisiera aclarar que lo escrito aquí responde a una opinión particular, sin afán de dogmatismo o voz única. Por el contrario, anhelo abrir caminos y tender puentes entre los antitéticos (contrarios) movimientos modernos y posmodernos, sembrar un poco paz entre las rivalidades. La herramienta utilizada para esta labor, subyace en la autocrítica tanto de una como de la obra. Los blancos y negros dan paso a una gamma de grises, que difuminan los bordes cerrados en que las ideas de unos y otros se tornan absolutas, acríticas y verdaderas, sin aspectos que pulir o echar abajo, reificar, deconstruir, desmontar y reconstruir. Ésto, se podría traducir en que la modernidad necesita de "posmodernización" y la posmodernidad de "modernización".

martes, 14 de julio de 2015

La inconmensurabilidad kuhniana entre paradigmas

A mi parecer, el cual no tiene por qué ser compartido. La inconmensurabilidad entre paradigmas (visiones, concepciones de la realidad, modelos de conocimiento) está cerca de ser un hecho...

¿Acaso aceptan los ateos visiones del mundo religiosas? ¿O los físicos actuales, con las teorías newtonianas en relación al espacio y el tiempo? Ídem con la medicina China y los remedios homeopáticos en relación a la medicina científica?

Eso por no hablar de la guerra librada entre psicólog@s cognitivos y partidarios del psicoanálisis, las psicoterapias y derivados. Incluso ante la contemplación de cuadros expuestos en una galería, con ópticas (lecturas) materiales, o bien metafísicas, rebasando lo tangible, tocable.

Cada uno de los individuos porta sus propias gafas, con una determinada graduación específica, transparencia u opacidad en los cristales, desviación, distorsión, etc. La mirada no es una cámara fotográfica, que plasme exactamente las mismas descripciones de lo que se observa. La perspectiva cambia en función de las vivencias, convicciones, motivaciones, elementos psicológicos.

Creo que estos ejemplos ilustran la fuerte competitividad, enfrentamiento entre las diferentes racionalidades, imagenes del mundo, creencias que no pueden entenderse entre sí.
Los modelos unificacionistas fracasarían indefectiblemente. La unidad parece funcionar únicamente como ideal teórico, pero se desvanece cual vapor en la práctica.